Historias contadas a través de fotos y memorias

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Publicado en El Nuevo Sol

Por TOMÁS RODRÍGUEZ
EL NUEVO SOL

A un lado de MacArthur Park, en el vecindario de Westlake, un lugar que fue central de la comunidad de millones de inmigrantes de Los Ángeles, abrió en el 24 de enero una exhibición sobre jóvenes inmigrantes indocumentados y sus historias contado con fotografías y biografías.

En el centro laboral de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA), el Centro de Recursos Dream coordinó el evento “Historias Indocumentadas.” La exhibición multimedia ilustró las historias de 12 jóvenes indocumentados y sus logros y luchas en los Estados Unidos.

“Hoy es un día simbólico porque vivimos en un día en donde hay mucha incertidumbre,” dijo Carlos Salinas, alumno de UCLA y el curador de “Historias Indocumentadas.” “Pero hay algo que sí vamos a tener por cierto. Nos Tenemos a nosotros mismos, [y] tenemos a nuestra comunidad. Este proyecto fue basado en escuchar las historias de la gente y usar las historias orales que hay dentro de ellos”.

La meta fue de dar un espacio a la comunidad indocumentada a través de “Historias Indocumentadas”, de acuerdo a Salinas.

Muchos son estudiantes y la mayoría de los escogidos han recibido Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).

Miguel Rodríguez ha tenido DACA por casi dos años. Está trabajando para el condado de Ventura como coordinador de servicios sociales.

Hay dos fotos de Rodriguez en la pared. En una está enseñando a unos niños cómo tomar riesgo a través de un juego de piedra, papel y tijeras. La foto de abajo nos enseña su participación en las marchas contra la deportación y apoyando a la comunidad inmigrante.

“(Ellos) tuvieron más miedo cuando tomaron el primer paso en venir para acá”, dijo Rodríguez, dando consejos a la gente indocumentada con duda y ansiedad después de la llegada de Donald Trump en la Casa Blanca. “En lo realidad, lo más difícil ya lo hicieron. No pierden nada en venirse y unirse a la marcha, en tomar otro paso adelante hacia su futuro”.

Rodríguez inmigró a los ocho años huyendo la violencia en la ciudad de México y para buscar mejores oportunidades para estudiar. Pero desde que llegó, él ha visto muchas injusticias contra los inmigrantes sin papeles.

“Al siguiente año (que llego a Estados Unidos), la Proposición 187 [trajo] un ambiente malo”, dijo Rodríguez. “Soy de una comunidad agrícola y había redadas y deportaciones. Teníamos un lugar muy hostil en el cual no hay mucha oportunidad para los inmigrantes”.

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Hubo una casa llena en el centro laboral de UCLA en Westlake. Foto: Tomas Rodriguez/ El Nuevo Sol.

Salinas también es recipiente de DACA. Aunque no sea parte de los participantes de “Historias Indocumentadas”, el comparte la misma historia de muchos ellos.

Su mamá inmigró a Los Ángeles en 1994. Después de cinco años, regresó por sus cuatros hijos que estaban viviendo en la ciudad de México.

“Mamá había escapado de Oaxaca”, dijo Salinas. “Su estatus, en términos de educación, no tenía acceso.”

Como Rodríguez, Salinas también se graduó de UCLA con un enfoque relacionado a los estudios laborales. Ambos tienen esperanza para el futuro de los estudiantes indocumentados, aunque el programa DACA no sea renovado bajo el Presidente Trump.

“DACA no es algo fijo”, dijo Salinas. “La razón por la cual se dio es porque muchos jóvenes se organizaron a empujar la administración de Obama para hacer una decisión correcta para involucrar a muchos más jóvenes”.

Alrededor de 100 personas llegaron al evento y llenaron la sala del centro laboral. Carlos Jorge estaba en frente su fotografía hablando con la gente de su historia. Conversando sinceramente con ellos. Dijo que este país es su salvación.

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Carlos Jorge platicando con un invitado. Foto: Tomás Rodríguez/ El Nuevo Sol.

Cuando quieres luchar por un sueño, no te importa lo que diga la gente”, dijo Jorge. “Cuando yo mi vine, yo no pensé en que leyes existían aquí. Yo no estaba enfocado en eso. Yo estaba enfocado en salvar mi vida. Siento que Estado Unidos fue mi salvación porque si no fuera por llegar aquí, no sé si estaría vivo”.

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Carlos Jorge llego a Estados Unidos a la edad de 17 años refugiándose de la violencia en Guatemala. Foto: Tomás Rodriguez / El Nuevo Sol

Jorge inmigró para refugiarse de la violencia en Guatemala. Enfrentando deportación a través de extorción por parte de agente federales, Jorge pudo llegar y requerir asilo político. Hizo el viaje al norte la edad de 17 años como menor no acompañado.

Actualmente, está estudiando en Abram Friedman Occupational Center en Los Ángeles. Espera que, a través de la educación, pueda obtener una carrera.

Otro participante es un profesor de español del colegio de Misión de Los Ángeles. Una de las fotos de Mario Escobar es un retrato en blanco y negro.

Sus ojos están un poco cubiertos por la sombra del sol. Se ve que ha visto mucho. En la otra foto, se ve lo adentro de una clase con Escobar dirigiendo su clase.

Mario Escobar llegó a los Estados Unidos a los 15 años.

Escapó la violencia de la guerra civil en El Salvador. Atendió también a UCLA y obtuvo su maestría en la Universidad de Arizona. Dice que las historias de éxito de inmigrantes como él han sido ignoradas.

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El profesor Mario Escobar lee un poema de las luchas que enfrentan los inmigrantes. Foto: Tomás Rodriguez / El Nuevo Sol

 

“[Tenemos que] mostrar la otra cara” dijo Escobar. “La cara que los medios de comunicación no quieren mostrar. Es fácil demonizar los indocumentados cuando en realidad la cara positiva es que contribuimos al crecimiento económico de nuestras comunidades. No solo al nivel local sino también al nivel nacional”.

Escobar también sientó los efectos de le Proposición 187. Tenía miedo de la deportación, pero nunca dejó sus estudios.

“Yo soy uno entre miles de chicos que tienen tanta potencial” dijo Escobar. “Nos deberíamos en enfocar nuestra voz y darle a conocer al nuevo líder de esta nación. En vez de parar los beneficios, debería de expandir porque será algo positivo para un mejor futuro de esta nación”.

Muchos de los participantes de “Historias Indocumentados” dijeron que, aunque DACA esté en peligro, sus historias son para siempre.

“Muchas veces a nuestra comunidad no les da la oportunidad para contar nuestras historias”, dijo Diego Sepúlveda, otro alumno de UCLA que está actualmente está completando su MBA en la Universidad de Judíoamericana. “Este espacio [es] de no solo contar mi historia, pero de muchas personas que son indocumentadas de todos los lugares de mundo. Hay diversidad dentro de nuestra comunidad”.

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Invitados muestran su apoyo a la comunidad indocumentada. Foto: Tomás Rodríguez / El Nuevo Sol.
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